martes, 22 de noviembre de 2011

Liquidar a los traidores. Los crímenes del Partido Comunista conmocionan a toda Francia. Por Juan Pedro Quiñonero.


«Le Monde», «Le Figaro», «Le Point», «L´Express» estiman que se trata del libro-acontecimiento del año: la historia de los crímenes del PCF durante la Ocupación nazi, secuestrando, torturando y asesinando a militantes comunistas en desacuerdo con la línea oficial del partido, que había comenzado por asumir la colaboración con los nazis, dictada por el pacto Stalin - Hitler, antes de entrar en resistencia.
Se trata de un libro de historia: «Liquider les traîtres: la face cachée du PCF (1941 - 1943» («Liquidar a los traidores: la cara oculta del PCF», Ed. Robert Laffont), del que son autores dos especialistas respetados, Jean Marc Berli_re y Franck Liaigre, que se han beneficiado de documentos indispensables: los archivos oficiales del PCF, en París y en Moscú; y los archivos oficiales de la policía francesa, durante la Ocupación (1940-45). Presentando esta obra, «Le Monde» insistió en uno de los aspectos políticos capitales: antes de entrar en resistencia contra el ocupante nazi, el PCF prefirió adoptar la línea oficial del pacto germano-soviético entre Stalin y Hitler, «repartiéndose» las áreas de influencia en Europa, con un pacto de no agresión, finalmente roto por el dictador comunista.
«Le Monde» recordaba que esa etapa de colaboración inconfesable entre Stalin y Hitler, entre nazis y comunistas, provocó trágicos enfrentamientos. Quizá sea oportuno recordar que esa colaboración entre nazis y comunistas se prolongó en algunos campos de concentración, como Buchenwald, donde los comunistas tuvieron trato privilegiado aceptando puestos de «kapos».
Por su parte, «L´Express» presenta la obra de Berli_re y Liaigre con esta frase: «Resistentes, con frecuencia, los comunistas también cometieron los peores crímenes durante la Ocupación». ¿En qué consistieron esos crímenes? Detener, secuestrar, torturar y asesinar a militares comunistas que no seguían la línea oficial del partido, fiel a Moscú.
«L´Express» describe los mecanismos de la represión contra los disidentes. Un minúsculo núcleo de la dirección del Partido decidía la «verificación», denuncia y eliminación física de los acusados. Sin juicio, sin defensa, las ejecuciones, a tiros, en París, en las afueras de París, en provincias, eran consumadas por un grupo de militantes «con pocos escrúpulos». Se desconoce la cifra total de asesinatos. Los historiadores han comprobado documentalmente unas 800 «verificaciones» de «camaradas sospechosos». Y unas 250 «decisiones». La «decisión» era una manera elíptica de anunciar la eliminación física.
De la Resistencia al asesinato
«Le Figaro» presenta el ensayo de Berli_re y Liaigre a toda página: «De la Resistencia al asesinato político». Stéphane Courtois, gran especialista en historia del comunismo, habla de una pacífica «revolución» documental: el acceso definitivo a los archivos comunistas, en Moscú y París, y a los archivos oficiales de la policía francesa, en la Ocupación, están precipitando un «renacimiento desmitificador» de los estudios sobre la Resistencia.
Courtois insiste en el origen diplomático de tanpavorosa historia: «Entre julio de 1941 y julio de 1942, el grupo «Valmy», responsable de muchos crímenes comunistas, estuvo consagrado a los asesinatos privilegiados contra ex dirigentes comunistas que, tras el pacto entre Hitler y Stalin, el mes de agosto de 1939, se consideraron traicionados en su compromiso anti fascista y abandonaron el partido». Dicho de manera menos elíptica: el PCF ordenó el asesinato de los dirigentes y militantes que se consideraron traicionados cuando Stalin ordenó a los comunistas colaborar con Hitler.
Courtois desmenuza el «fanatismo ideológico» que permitió pasar «de la resistencia al asesinato político», sin escrúpulos morales. Los dirigentes y resistentes comunistas en Francia y campos de concentración como Buchenwald consideraban perfectamente «natural» la eliminación física de quienes se apartaban de la línea oficial del Partido.
Los métodos descritos por Berli_re y Liaigre recuerdan las novelas clásicas del Terror político: seguimiento «sofisticado», secuestro, «torturas físicas y psicológicas», ejecuciones sumarias, con tiros en la nuca, en la oscuridad nocturna, en las afueras de París. «L´Express» recuerda un detalle político de carácter esperpéntico: los mismos dirigentes comunistas que perpetraron tales crímenes, durante la Ocupación, se colgaron las medallas de la Resistencia y la liberación. Como Jacques Duclos, que fue candidato del PCF a la presidencia de la República. ‘ABC’ 2007-09-21 Esp.
(Esos mismos resistentes o partisanos (guerrilleros amantes de la guerra), ora en Francia, ora en Italia o España, se etiquetaron de demócratas para ocupar el poder e instaurar un régimen de corte soviético. Estos gallos escogieron primeramente eliminar a quien osaba quitarles la careta. Cayeron bajo la tortura más atroz: honestos intelectuales, límpidos amantes de la paz, irreprochables familias enteras, sacerdotes, escritores, historiadores, maestros, artistas, otros trabajadores, etcétera…).-

Falso ideal - El comunismo de hoy, de un modo más acentuado que otros movimientos similares del pasado, encierra en sí mismo una idea de aparente redención. Un seudo ideal de justicia, de igualdad y de fraternidad en el trabajo satura toda su doctrina y toda su actividad con un cierto misticismo falso, que a las masas halagadas por falaces promesas comunica un ímpetu y tu entusiasmo contagiosos, especialmente en un tiempo come el nuestro, en el que por la defectuosa distribución de los bienes de este mundo se ha producido una miseria general hasta ahora desconocida. Más aún: se hace alarde de este seudo ideal, como si hubiera sido el iniciador de un progreso económico, progreso que, si en algunas regiones es real, se explica por otras causas muy distintas, como son la intensificación de la productividad industrial en países que hasta ahora carecían de ella; el cultivo de ingentes riquezas naturales, sin consideración alguna a los valores humanos, y el uso de métodos inhumanos para realizar grandes trabajos con un salario indigno del hombre.
Materialismo evolucionista de Marx
9. La doctrina que el comunismo oculta bajo apariencias a veces tan seductoras se funda hoy sustancialmente sobre los principios, ya proclamados anteriormente por Marx, del materialismo dialéctico y del materialismo histórico, cuya única genuina interpretación pretenden poseer los teóricos del bolchevismo. Esta doctrina enseña que sólo existe una realidad, la materia, con sus fuerzas ciegas, la cual, por evolución, llega a ser planta, animal, hombre. La sociedad humana, por su parte , no es más que una apariencia y una forma de la materia, que evoluciona del modo dicho y que por ineluctable necesidad tiende, en un perpetuo conflicto de fuerzas, hacia la síntesis final: una sociedad sin ciases. En esta doctrina, como es evidente, no queda lugar ninguno para la idea de Dios, no existe diferencia entre el espíritu y la materia ni entre el cuerpo y el alma: no existe una vida del alma posterior a la muerte, ni hay, por consiguiente, esperanza alguna en una vida futura. Insistiendo en el aspecto dialéctico de su materialismo, los comunistas afirman que el conflicto que impulsa al mundo hacia su síntesis final puede ser acelerado por el hombre. Por esto procuran exacerbar las diferencias existentes entre las diversas clases sociales y se esfuerzan para que la lucha de clases, con sus odios y destrucciones, adquiera el aspecto de una cruzada para el progreso de la humanidad. Por consiguiente, todas las fuerzas que resistan a esas conscientes violencias sistemáticas deben ser, sin distinción alguna, aniquiladas como enemigas del género humano.

Apelar a la libertad de expresión en defensa de estas lamentables actitudes de intolerancia es una falacia que no resiste el análisis más elemental. Ningún derecho carece de límites y todos ellos deben ejercerse, como proclama también la Constitución, a partir del respeto a la ley y a los derechos de los demás. Ofender a los católicos, es decir, a la gran mayoría de la sociedad española, no es una prueba de progresismo, sino de ideología sectaria y radical, impropia de un Estado democrático. Es verdad que no ofende quien quiere, sino quien puede, pero muchos miles de ciudadanos se sienten indignados con toda razón y comparten los firmes y rigurosos argumentos expuestos por el obispo de Ibiza. A lo largo de la legislatura, un grupo muy definido del PSOE busca la confrontación con la Iglesia, y ello trae a la larga este tipo de consecuencias lamentables. Las imágenes que repugnan a cualquier persona sensible con independencia de su postura religiosa deben ser retiradas de inmediato para dar cumplimiento a las exigencias de una gran mayoría social. Si no es así, los tribunales deben pronunciarse cuanto antes para garantizar el respeto al Estado de Derecho.

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