sábado, 31 de marzo de 2012

Del posmodernismo al nacional populismo. De Marinas y Melanchones. Por Luis Thonis.



Hace no mucho tiempo, en momentos de las elecciones presidenciales en Francia, leí un panfleto de Phillipe Muray sobre el rostro de Segolene Royal. La suya era una descripción muy cruel y contrastaba con la imagen que tenía de esa mujer, discreta y apuesta, presentada como el alfa y el omega de la misma estupidez. Poco después leí que Royal hacía política presentando un libro al cual cada ciudadano podía aportar una idea. Entonces su retrato se me volvió tan objetivo como el de Dorian Gray de Wilde.Phillipe Muray fue un novelista, ensayista y panfletista francés que nunca se adecuó bien a la cultura francesa media, sea académica o de vanguardia. En el Imperio del Bien emprende una demolición sistemática del progresismo. Una de sus obras fundamentales es su Céline donde están los tópicos fundamentales de su crítica a los bien pensantes que se pasaron años vituperando al autor de El viaje al fin de la noche pero ahora se encuentran impotentes ante el crecimiento del nacional populismo del Frente Nacional que ha hecho suyas las posiciones antiamericanas y antiglobalizadoras de la izquierda- que llamaba “nazi” a Sarkozy- añadiendo a su antisemitismo tradicional el antislamismo con el que capta a los votantes. La derecha xenófoba al atribuir a la inmigración la causa de la pérdida de los empleos resulta más creíble que el multiculturalismo por el cual los inmigrantes “vienen a enriquecer las diferencias”- y la tasa de natalidad para asegurar las jubilaciones- de la derecha y la izquierda republicanas agravado por el encubrimiento de la existencia del islam intolerante- que lleva a cabo procesos de limpieza étnica en todo el planeta- cuya negación no resulta convincente a nadie. Le Pen le marca la cancha a los otros con un programa que responde no a un delirio sino a problemas concretos que padece la sociedad. No es la primera vez que sucede en occidente: en Alemania los comunistas votaron por Hitler, considerado menos peligroso que los socialdemócratas- a los que llamaban social fascistas. Imaginaban que Hitler sería un fenómeno pasajero que se derrumbaría y luego accederían con facilidad al poder. Mala lectura. En Francia la comparación del Frente con Hitler sólo logró que suba en las encuestas.





Juega un capital de seducción que sería imposible en Alemania. En este proceso complejo ha sido decisiva la función del clown posmoderno y su ataque a la democracia representativa, apoyándose tanto en posiciones nacionalistas como en la prédica de la izquierda antiglobalizadora y los “indignados” del libelo de Stéphane Hessel, colmo de la pobreza intelectual, impotente para proponer otra cosa que “estar en contra”.
A Muray se lo quiso hacer pasar como antidemocrático, reaccionario, etc, pero criticaba en la democracia los núcleos que llevan hacia nuevas formas de dictadura: el nacional populismo es una criatura que engendró la fiesta posmoderna y la extensión de derechos de todo pelaje y color hasta el absurdo que satirizó Muray: "La naturaleza humana contemporánea tiene horror al vacío jurídico, es decir a las zonas de vaguedad donde se arriesgaría a infiltrarse todavía un poco de vida, es decir de inorganización. ¡Una vuelta más de tuerca cada día! ¡Proyectos! ¡Comisiones! ¡Estudios! ¡Propuestas! ¡Decisiones! ¡Elaboración de decretos en los gabinetes! ¡Hay que llenar el vacío jurídico! Todo aquello con que Francia cuenta en asociaciones de familias aplaude con sus pinzas de cangrejo. ¡Llenemos! ¡Llenemos! ¡Llenemos aún! ¡Tomemos medidas! ¡Legislemos!" Este imperio del Bien está dotado de jueces delirantes que convierten en causa justa cualquier cosa que afecte al imperio de lo políticamente correcto y promueve formas caricaturescas de delación que considera más represoras que en los tiempos de Baudelaire y Flaubert donde entre el código y el infractor había un vacío que se preservaba: " ¡Los calvos a su turno se ponen también ellos a pegar afiches con fotos de celebridades a las que acusan de llevar pelucas (perdón, “complementos capilares”)! ¡Se desenmascarará a los empelucados que no se confiesen! ¿Y por qué no, a continuación, a quienes llevan dientes postizos, a las buenas mujeres con lifting, a los cardíacos con marcapasos?"Esta banalidad del derecho por el derecho mismo y su frívola pasión justiciera no podía no desembocar en los frankestein del populismo.
Sólo intelectuales liberales como Jean Francois Revel o Jean d´Ormesson- curioso porque es el símbolo de l´elegance y de bonheur en la literatura francesa- que pronunció un discurso para despedirlo, lo tuvieron en cuenta, además de Phillipe Sollers con quien tiene más de una afinidad. Y fue amigo de Pierre André Taguieff, un notable ensayista que en cierto modo es su antítesis, porque trata los temas más calientes y urticantes - que giran sobre el antisionismo y los nacionalismos- con un análisis tan frío como implacable. Muray en nuestra cultura es un desconocido. Una prueba evidente es la repercusión que ha tenido Michel Onfray en los medios culturales. Hay una aduana invisible para los libros que afecten el buen sentido consolidado.


Muray casi no ha tenido lectores, salvo Hugo Savino y Mariano Dupont en cuanto a la guerra del lenguaje y Américo Cristófalo respecto de su estudio de la literatura del siglo XIX. La fiesta estaba, está programada como forma de depresión y venta de buzones a una juventud dispuesta siempre a tragarse cualquier cosa. Hay una intervención por momentos satírica y por momentos feroz no contra el progresismo en general desde una supuesta derecha sino sobre los síntomas que destila con abundante estupidez encubierta de ideología hasta confundirse con ella y que culmina haciendo lo seguro de lo peor. Muray era insufrible porque con análisis precisos o un humor cáustico escandalizaba a lo profesionales de la provocación.
Hoy los charlatanes están de capa caída, su público está preocupado y el miedo es el sujeto de todos los tópicos acuciantes. Comen y beben muy bien como celebra Onfray pero tienen adelante un horizonte amenazador que no basta con disimular o diabolizar para conjurar porque responde en Europa a problemas muy concretos- los indocumentados, la desocupación, la crisis de euro, la ausencia de competitividad de los mercados, el terrorismo- para los cuales la derecha y la izquierda republicana no encuentra respuestas.
Se abre así un espacio donde la prédica antisistema se vuelve seductora por su misma irresponsabilidad. Me parece que hay un trasfondo en la reflexión de Taguieff que es la crisis educativa en Francia, donde, dada la situación, hay que elegir entre miles de sociólogos desocupados o jóvenes que tengan carreras cortas con salida laboral. Marxo populistas como Jean Luc Melenchón optan por lo primero postulando una igualdad utópica. Los jóvenes prefieren hacer carrera en los medios, en el cine sin siquiera dominar la lengua como señala Natacha Polony y con sus diplomas desmonetizados “tienen pocas chances frente a cohortes de ingenieros indios y chinos decididos a conquistar el mundo”. Curiosamente ha sido desde 1989 que las pautas de orientación escolares propiciadas por Lionel Jospin desde 1989 abundan en la palabra “competencia” pero dejan de lado la diferencia entre “saber hacer” y “saber ser” formulados por Hannah Arendt en 1960 que están en el centro de la crisis de una cultura que según ella va a destruir los sistemas escolares. Natascha Polony retoma estas ideas y plantea que el rol de un profesor no es sólo transmitir saberes sino desarrollar en el alumno aptitudes para formar un futuro ciudadano y actor de un mundo cada vez más complejo. La irrupción masiva del nacional populismo es el efecto de una grave falla de transmisión que se extiende desde la escuela primaria hasta la cultura superior, la prensa y las formas que va adoptando el “deber ser” de la vanguardia y sus ilusiones antisistema. Pierre André Taguieff en su recuerdo de Muray, señala: " La época odia el pensamiento libre. Odian aquellos que hacen parecer cómicas las charlatanerías de los dadores de lecciones y grotesco el espíritu serio de los expertos arrogantes. Si Muray nos falta, es porque el solo encarnaba una de las vías posibles del pensamiento libre, de un verdadero pensamiento odiado por todos los conformismos, inseparable del estilo sobre el cual se extiende siempre su singularidad. La República tiene necesidad de verdaderos sabios y de buenos profesores. Ella no tiene nada que hacer con retóricos o gurúes."


Si Francia no reformula su sistema educativo, comenzando por la escuela primaria, en función de otro tipo del sujeto puede ir en vía directa hacia el suicidio. Un Hugo Chávez es verosímil en Venezuela. La Argentina de las últimas décadas sólo conoció populismos, incluso el de la Junta Militar con efectos innegables como el Mundial de Fútbol o Malvinas. Alfonsín, el hombre que más respetó las instituciones no pudo evitar la tentación mimética de un "tercer movimiento histórico" y el populismo que ya vive en el bronce se prepara para convertirse en hereditario. Pero algo sucedió en Francia, el país de Montesquieu y de Voltaire para que el Frente Nacional resulte creíble.





En el pasaje del posmodernismo al nacional populismo advertimos que en la competencia demagógica los Melanchones trabajen para las Marinas. La decepción es inevitable porque el empleo que pueden tener está por debajo de su diploma y no los toman en oficios tradicionales, de menor jerarquía, ocupados por los inmigrantes a quienes se paga sueldos bajos y se explota. Es en el medio de esta crisis donde aparecen los sub Péguy, los sub Bordieu, etc.




Este detonante no fue ajeno al crecimiento del Frente Nacional donde el resentimiento y la búsqueda de revancha alientan a sus votantes- en especial a los jóvenes desencantados con Sarkozy- y al que intelectual bien pensante suele oponer una demagogia desacreditada- una igualdad abstracta, utópica- fórmulas huecas o la diabolización representada por una extrema derecha- tan eterna como mítica- identificando a ésta con quienes no lo son, condenándola sin hacer un estricto análisis de su discurso- donde encontraría algunos de sus propios reflejos- y desde un supuesto Sentido de la historia que ésta ha desmentido y contradicho en abundancia.

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