miércoles, 8 de diciembre de 2010

Diario de un loco. Lu Xun


"¿Quizá hay todavía niños que no han comido hombres? ¡Salven a los niños!".
Este grito podría hacer eco en gran parte de las hambrunas y las catástrofes humanitarias de siglo XX, algunas intencionadamente provocadas. El narrador de Diario de un Loco no carece de cordura al decribir un universo marcado por la diyuntiva caníbal de comerse a otro o ser comido por él.

Lu Xun, conocido como pitu genolla (chino tradicional: 魯迅, chino simplificado: 鲁迅, pinyin: Lǔ Xùn, Wade-Giles: Lu Hsün) (Shaoxing, China; 25 de septiembre de 1881 - Shanghái, China; 19 de octubre de 1936), fue un escritor chino representante máximo del Movimiento del Cuatro de Mayo, luchó por la por la reforma lingüística, siendo uno de los primeros escritores que, siguiendo las ideas de intelectuales como Hu Shih, utilizó la lengua vernácula
Lu Xun (también escrito Lu Hsün, aunque su nombre verdadero era Zhou Shuren o Chou Shu-jen) nació en 1881 en una familia de funcionarios del gobierno e intelectuales en Shaoxing, provincia de Zhejiang, al sur de Shanghai, en la costa este de China.
Durante el corrupto gobierno de la dinastía Ching, las potencias imperialistas dominaban China y le imponían tratados injustos; la clase dominante feudal china les concedía todo y reprimía al pueblo.
Esa ira contenida y espíritu de rebelión dejaron una fuere impronta en Lu Xun, considerado sin objeciones el padre de la literatura china moderna. Lu Xun es un punto de referencia ante la cultura clásica china, en el pasaje del feudalismo al modernismo que fue socavado por revolución maoísta que quiso de un trazo abolir todo el pasado y partir desde ceros con las consecuencias que analiza Simon Leys en Ombres Chinoises, la mayor obra que se haya escrito sobre las aberraciones de la Revolución Cultural.
Esta obra monumental analiza algunas de las lecturas, entre ingenuas y perversas de los cultores occidentales de la chilolatría- advertida antes por Lu Xun que mucho antes- como Roland Barthes que en un proceso de represión y ejecuciones se detiene a buscar "el placer del texto" en las listas de los fusilados. Ejemplo hiperbólico de cómo la progresía más sofisticada es ajena a la decencia ordinaria que sostenía un Orwell.
En el libro de Leys abundan las citas ásperas y satíricas de Lu Xun que más allá de su contexto por su universalismo valen para cualquier sistema despótico.




Diario de un loco (1918)



Dos hermanos, cuyos nombres no necesito mencionar aquí, eran buenos amigos míos en la universidad; pero luego de una separación de muchos años perdimos gradualmente contacto. Hace algún tiempo me enteré que uno de ellos estaba gravemente enfermo, y como estaba en camino hacia mi viejo hogar me desvié para visitarlos, encontré solamente a uno de ellos, que me dijo que el inválido era su hermano menor.

“Aprecio que vinieras desde tan lejos para vernos”, dijo, “pero mi hermano se recobró hace algún tiempo y se ha ido a algún lado a asumir un puesto oficial.” Luego, riendo, me mostró dos volúmenes del diario de su hermano, diciendo que en ellos podía verse la naturaleza de su pasada enfermedad, y que no había ningún problema en mostrárselos a un viejo amigo. Tomé el diario, lo leí, y encontré que mi amigo había sufrido de una forma de complejo de persecución. El escrito era en su mayor parte confuso e incoherente, y allí el había hecho solamente afirmaciones absolutas; sin embargo había omitido colocar fechas, de manera que únicamente por el color de la tinta y las diferencias en la escritura podía uno decir que no había sido escrito todo al mismo tiempo. Ciertas secciones, sin embargo, no estaban desconectadas entre sí, y he copiado una parte para servir como objeto de investigación médica. No he alterado una sola de todas las irracionalidades que aparecen en el diario y solamente he cambiado los nombres, aún cuando las personas allí referidas son todos gente del campo, desconocidas para el mundo y sin importancia. En cuanto al título, fue escogido por el autor del diario luego de su recuperación, y yo no lo modifiqué.

I
Esta noche la luna es muy brillante.

No la he visto por cerca de treinta años, de manera que hoy cuando la vi me sentí inusualmente estimulado. Comencé a comprender que durante los pasados treinta años había estado en la oscuridad; pero ahora debo ser extremadamente cuidadoso. De otra forma ¿por qué ese perro en la casa de Chao me miraría dos veces?

Tengo motivos para mi miedo.

II
Esta noche no hay luna en absoluto sé que esto presagia enfermedad. Esta mañana cuando salí cautelosamente, el señor Chao tenía una mirada extraña en sus ojos, como si tuviera miedo de mí, como si quisiera matarme. Hay otros siete u ocho, que hablaban acerca de mi persona cuchicheando. Y tenían miedo de que yo los mirara. Toda la gente con la que me crucé era así. Los más feroces de ellos me mostraban los dientes; con lo que yo temblaba de pies a cabeza, sabiendo que sus preparativos estaban completos.

Sin embargo, no tenía miedo y continué mi camino. Un grupo de niños también hablaban de mí, y la mirada en sus ojos era igual a la del señor Chao en tanto que sus rostros eran también de una palidez cadavérica. Me pregunté qué encono podían tener esos niños hacia mi persona, para comportarse de esa manera. No podía increparlos: ¡Díganme! Sin que salieran huyendo.

Me preguntaba qué encono tendría el señor Chao en contra mía, qué encono tendría la gente en el camino en contra mía. No puedo imaginar nada excepto que, veinte años atrás, pisé los libros de cuentas de muchos años del señor Ku Chiu [ku chiu=tiempos antiguos, juego de palabras con Kun Chiu=Confucio] y el señor Ku se sintió muy disgustado. A pesar de que el señor Chao no lo sabía, debe haber oído hablar de esto y decidido vengarlo, de manera que está conspirando en contra mía junto con la gente del camino. Pero ¿por qué los niños? En ese momento ellos todavía no habían nacido, de manera que ¿por qué me mirarían hoy de una manera tan extraña, como si me tuvieran miedo, como si quisieran matarme? Esto realmente me atemoriza, es tan raro y turbador.

Ya lo sé. ¡Deben haberlo aprendido de sus padres!

III
No puedo dormir en la noche. Todas las cosas requieren una consideración cuidadosa para que uno pueda entenderlas.

Esas personas, algunas de las cuales han sido humilladas por el magistrado, abofeteadas en la cara por los letrados, los oficiales de justicia les han quitado sus mujeres, o los usureros han conducido a sus familiares al suicidio, sin embargo nunca se mostraron tan asustadas y feroces como ayer.

La cosa más extraordinaria fue esa mujer ayer en la calle, que golpeó a su hijo y dijo: “¡Pequeño demonio! ¡Me gustaría morderte y comer varios bocados de ti para descargarme!” Sin embargo todo el tiempo me miraba a mi. Di un salto, incapaz de controlarme; entonces todas esas personas de caras grises y dientes largos comenzaron a reír burlonamente. El viejo Chen me empujó por detrás y me arrastró a casa.

Él me arrastró a casa. La gente en casa toda pretendía no conocerme; tenían la misma mirada en sus ojos que los otros. Cuando entré al estudio, cerraron la puerta por detrás como si enjaularan una gallina o un pato. Este incidente me dejó aún más confundido.

Unos pocos días atrás un arrendatario nuestro de la aldea Pequeño Lobo vino para informarnos del fracaso de las cosechas, y dijo a mi hermano mayor que un personaje notorio de su aldea había sido golpeado hasta la muerte; luego alguna gente había extraído su corazón y su hígado, los había freído en aceite y los había comido, como forma de incrementar su coraje. Cuando yo interrumpí, el arrendatario y mi hermano fijaron la vista en mi persona. Recién hoy comprendí que tenían exactamente la misma mirada en sus ojos que esa gente de afuera.

Sólo pensarlo me hace temblar desde la punta de mis pelos hasta las plantas de mis piés.

Ellos comen seres humanos, de manera que ellos pueden comerme.

Comprendo que el “comer varios bocados de ti” de esa mujer, la risa de esa gente de cara gris y dientes largos y el relato del arrendatario el otro día son obviamente signos secretos. Comprendo todo el veneno en sus palabras, todas las dagas en su reír. Sus dientes son blancos y relucientes: son comedores de hombres.

Me miran, a pesar de que no soy un mal hombre, siempre desde que pisé las cuentas del señor Ku ha sido un tocar e irse. Ellos parecen tener secretos que yo no puedo adivinar, y desde el momento que están enojados pueden denominar a cualquiera una mala persona. Recuerdo cuando mi hermano mayor me enseñó a escribir composiciones, no importa cuan bueno sea un hombre, si yo producía argumentos contrarios él marcaría ese pasaje para mostrar su aprobación; mientras si me excusaba de hacerlo, él diría: “Bueno para ti, que muestras originalidad.” ¿Cómo puedo adivinar sus pensamientos secretos, especialmente cuando ellos están preparados para comer gente?

Todo requiere una consideración cuidadosa si uno quiere entenderlo. En los tiempos antiguos, según pude averiguar, la gente comía frecuentemente seres humanos, pero estoy bastante confuso acerca de esto. Traté de estudiar la cuestión, pero mi libro de historia no tenía cronología, y garrapateadas en todas las páginas estaban las palabras: “Virtud y Moralidad.” Como de cualquier manera no podía dormir, leí aplicadamente la mitad de la noche, hasta que comencé a ver palabras entre líneas, el libro entero estaba lleno de dos palabras: “Come gente.”

Todas estas palabras escritas en el libro, todas las palabras habladas por nuestro arrendatario, me miraban extrañamente con una sonrisa enigmática.

¡Yo también soy un hombre, y ellos quieren comerme!



IV
Esta mañana me senté tranquilamente un rato. El viejo Chen me trajo el almuerzo: un tazón de vegetales, un tazón de pescado hervido. Los ojos del pescado eran blancos y duros, y su boca estaba abierta de la misma manera que esas personas que quieren comer seres humanos. Luego de unos pocos bocados no pude discernir si se trataba de pescado o de carne humana, de manera que arrojé todo.

Dije, “Viejo Chen, dile a mi hermano que me siento muy sofocado y quiero pasear por el jardín.” El viejo Chen no dijo nada pero salió, y al poco tiempo volvió y abrió la puerta.

No me moví, sino que miré de que forma ellos podían amenazarme, estando convencido como estaba de que ellos no me dejarían ir. ¡Con certeza! Mi hermano mayor vino lentamente, conduciendo a un hombre mayor. Había un brillo asesino en sus ojos, y temiendo que yo pudiera advertirlo inclinó su cabeza, mirándome desde el costado de sus anteojos.

“Pareces estar muy bien hoy,” dijo mi hermano

“Si,” contesté yo.

“He invitado al señor Ho a que venga hoy aquí,” dijo mi hermano, “para examinarte.”

“Muy bien,” dije yo. ¡En realidad yo sabía muy bien que ese hombre mayor era el verdugo disfrazado! Él simplemente utilizó el pretexto de tomarme el pulso para comprobar cuán gordo estaba; porque al hacerlo recibiría una parte de mi carne. Todavía no tenía miedo. Como yo no como hombres, mi coraje es mayor que el de ellos. Levanté mis dos puños, para ver qué hacían ellos. El hombre mayor se sentó, cerró sus ojos, se frotó las manos durante algún tiempo y así permaneció todavía un tiempo más; luego abrió sus ojos sagaces y dijo, “No deje a su imaginación ir lejos. Descanse tranquilamente por unos días, y estará bien.”

¡No deje a su imaginación ir lejos! ¡Descanse tranquilamente por unos días! Cuando haya engordado, naturalmente ellos tendrán más para comer; pero ¿qué bien me hará eso, o cómo podré “estar bien”? Toda esta gente queriendo comer carne humana y al mismo tiempo tratando furtivamente de guardar las apariencias, no atreviéndose a actuar prontamente, realmente casi me hacía morir de risa. No pude sino rugir de la risa, estaba tan sorprendido. Sabía que en esa risa había coraje e integridad. Tanto el hombre mayor como mi hermano empalidecieron, asombrados por mi coraje e integridad.

Pero justamente porque soy valiente ellos están más impacientes por comerme, para así adquirir algo de mi coraje. El viejo salió por la puerta, pero antes de que se hubiera ido muy lejos dijo a mi hermano en voz baja, “¡Para ser comido inmediatamente!” Y mi hermano asintió. ¡De manera que tu también estás en eso! Este descubrimiento estupendo, a pesar de que llegó como un relámpago, no es más que lo que había esperado: ¡El cómplice en esto de comerme es mi propio hermano mayor!

¡El comedor de carne humana es mi hermano mayor!

¡Soy el hermano menor de un comedor de carne humana!

¡Seré comido por otros, pero también soy el hermano menor de un comedor de carne humana!



V
Estos días he estado pensando nuevamente: supongamos que el viejo no fuera un verdugo disfrazado, sino un médico verdadero; de cualquier manera podría ser un comedor de carne humana. En ese libro sobre hierbas, escrito por su predecesor Li Shih-chen [famoso farmacólogo, 1518-1593] está establecido claramente que la carne humana puede ser cocinada y comida; de manera que ¿puede él decir que no come hombres?

En cuanto a mi hermano mayor, tengo buenas razones para sospechar de él. Cuando me estaba enseñando, dijo con sus propios labios, “La gente vende a sus hijos para comer.” Y una vez hablando de una mala persona, dijo que no sólo merecía ser muerto, sino que debía “tener comida su carne y su piel dormida...”[cita de un texto clásico] Yo era joven todavía, y mi corazón latió más fuerte por algún tiempo, él no fue sorprendido en absoluto por la historia que nuestro arrendatario de la aldea Pequeño Lobo nos dijo el otro día acerca de comer el corazón y el hígado de un hombre, sino que se quedó moviendo la cabeza. Evidentemente es tan cruel como antes. Desde que es posible “vender hijos para comer,” cualquier cosa puede ser vendida, cualquiera puede ser comido. En el pasado yo simplemente escuchaba sus explicaciones, y las dejaba pasar como tales; ahora sé que cuando él me explicaba eso, no solamente estaba allí la grasa humana en la esquina de sus labios, sino que su corazón entero estaba puesto en comer hombres.

VI
Gran oscuridad. No sé si es de día o de noche. El perro de la familia Chao ha comenzado nuevamente a ladrar.

La ferocidad de un león, la timidez de un conejo, la astucia de un zorro...



VII
Conozco como son; no desean matar a nadie completamente, ni se atreven, por miedo a las consecuencias. En cambio se han congregado y cuesto trampas por todas partes, para obligarme a matarme. La conducta del hombre y la mujer en la calle hace unos días, y la actitud de mi hermano mayor estos últimos días, lo hace obvio. Lo que les gusta más es que un hombre se quite el cinturón, y se ahorque colgándose de una viga; de manera que puedan disfrutar de lo que desean de todo corazón sin ser acusados de asesinato. Naturalmente algo así los pone a rugir con una risa de placer. Por una parte, si un hombre está asustado o temeroso de la muerte, a punto tal de hacerlo adelgazar, así y todo mueven la cabeza en aprobación.

¡Ellos comen solamente carne muerta! Recuerdo haber leído en alguna parte acerca de una bestia odiosa, con una fea mirada en sus ojos, llamada “hiena” que usualmente come carne muerta. Incluso parte los huesos más grandes en fragmentos y se los traga: el sólo pensar en esto es suficiente como para aterrorizarlo a uno. Las hienas están asociadas a los lobos, y los lobos pertenecen a la especie canina. El otro día el perro de la casa Chao me miró varias veces; obviamente está en el complot y se ha convertido en su cómplice. Los ojos del viejo estaban cerrados, ¡pero eso no me engaña!

Lo más deplorable es mi hermano mayor. Él es también un hombre, entonces ¿por qué no tiene miedo, por qué está complotándose con los otros para comerme? ¿Es que cuando uno está acostumbrado a ello no piensa más que se trata de un crimen? ¿O es que ha endurecido su corazón lo suficiente como para hacer algo que sabe que es incorrecto?

En el maldecir a los comedores de hombres, comenzaré con mi hermano, y en el disuadir a los comedores de hombres, también comenzaré con él.



VIII
De hecho, tales argumentos lo habrían convencido hace mucho...

Súbitamente llegó alguien. Él era solamente de unos veinte años de edad y no vi muy claramente sus facciones. Su cara estaba cubierta de sonrisas, pero cuando se volvió hacia mi su sonrisa no parecía genuina. Le pregunté “¿Es correcto comer seres humanos?”

Todavía sonriendo, replicó, “Cuando no hay hambre cómo puede uno comer seres humanos?”

Comprendí al instante, él era uno de ellos; pero todavía junté coraje para repetir mi pregunta:

“¿Es correcto?”

“¿Qué lo lleva a preguntar tal cosa? Usted realmente está... haciendo una broma... Está muy lindo el tiempo hoy.”

“Está lindo, y la luna muy brillante. Pero quiero preguntarle: ¿Es correcto?

Él miró desconcertado, y musitó: “No...”

“¿No? ¿Entonces por qué lo hacen?”

“¿De qué está usted hablando?”

“¿De qué estoy hablando? Ellos están ahora comiendo hombres en la aldea Pequeño Lobo, y usted puede verlo escrito en los libros, en fresca tinta roja.”

Su expresión cambió, y se puso mortalmente pálido. “Puede ser,” dijo, mirándome. “Siempre ha sido así...”

“¿Es correcto porque siempre ha sido así?”

“Me rehuso a discutir estas cosas con usted. De cualquier forma, usted no debe hablar acerca de eso. ¡Quien lo hace está equivocado!”

Yo salté y abrí mis ojos a más no poder, pero el hombre se había desvanecido. Yo estaba mojado de transpiración. Él era mucho más joven que mi hermano, pero aún así él estaba en eso. Debe haber sido enseñado por sus padres. Temo que ya le haya enseñado a sus hijos: por eso es que los niños me miraban tan ferozmente.



IX
Deseando comer hombres, y al mismo tiempo temiendo ser comidos ellos mismos, todos se miran mutuamente con la más profunda sospecha...

Cuán confortable sería para ellos la vida si pudieran alejarse de tales obsesiones e ir a trabajar, caminar, comer y dormir tranquilamente. Tienen que dar solamente un paso. Sin embargo, padres e hijos, maridos y mujeres, hermanos, amigos, maestros y estudiantes, enemigos acérrimos e incluso extranjeros, se han unido todos a esta conspiración, desalentando y previniéndose mutuamente de dar este paso.



X
Esta mañana temprano salí para ver a mi hermano mayor. Estaba parado en el umbral de la entrada mirando el cielo, fui hacia él, me ubiqué entre él y la puerta, y con una postura y delicadeza excepcional le dije:

“Hermano, tengo algo que decirte.”

“Bien, ¿qué es?” preguntó, volviéndose rápidamente hacia mí y asintiendo.

“Es muy poco, pero encuentro difícil el decirlo. Hermano, al comienzo probablemente todos los pueblos primitivos comen un poco de carne humana. Luego, a causa del cambio de su mentalidad, algunos de ellos dejan de hacerlo, y porque tratan de ser buenos se convierten en hombres, en hombres verdaderos. Pero algunos todavía siguen comiendo –al igual que reptiles. Algunos se han convertido en peces, pájaros y finalmente hombres; pero algunos no tratan de ser buenos y permanecen todavía como reptiles. Cuando aquellos que comen hombres se comparan con los que no lo hacen, cuán avergonzados estarán. Probablemente mucho más avergonzados que lo que lo están los reptiles ante los monos.

“En tiempos antiguos Yi Ya cocinó a su hijo para ser comido por Chieh y Chou; esa es la vieja historia. [alusión a un texto clásico] Pero verdaderamente desde la creación del cielo y la tierra por Pan Ku los hombres se han estado comiendo mutuamente, desde la época de Yi Ya hasta la época de Hsu Hxi-lin [revolucionario ejecutado en 1907] y desde la época de Hsu Hsi-lin hasta el hombre atrapado en la aldea Pequeño Lobo. El año pasado ellos ejecutaron a un criminal en la ciudad, y uno de los presentes sumergió un trozo de pan en su sangre y lo engulló.

“Ellos quieren comerme, y por supuesto tu no puedes hacer nada al respecto individualmente; pero ¿por qué te uniste a ellos? Como comedores de hombres son capaces de cualquier cosa. Si me comen a mi, también pueden comerte a ti; miembros del mismo grupo pueden comerse mutuamente. Pero si tu cambiaras de forma de ser inmediatamente, entonces todos tendrían paz. Aunque esto ha venido ocurriendo desde hace un tiempo inmemorial, hoy podemos hacer un esfuerzo especial para ser buenos, y decir ¡esto no debe hacerse! Estoy seguro de que tu puedes decirlo, hermano. El otro día cuando el arrendatario quería ver la renta reducida, tu dijiste que no podía hacerse.”

Al principio él sólo sonrió cínicamente, luego vino a sus ojos una mirada asesina, y cuando hablé de su secreto su cara se volvió pálida. Fuera de la puerta se detuvo un grupo de gente, incluyendo al señor Chao y su perro, todos estirando sus cuellos para espiar hacia dentro. No pude ver todas sus caras, porque parecían estar enmascaradas en sus ropas; algunos de ellos lucían pálidos y horribles, reteniendo su risa. Yo sabía que eran todos del mismo grupo, todos comedores de carne humana. Pero también sabía que no todos ellos pensaban de la misma manera. Algunos de ellos pensaban que en tanto siempre ha sido así, los hombres deben ser comidos. Otros sabían que no debían comer hombres, pero así y todo lo deseaban; y temían que la gente pudiera descubrir su secreto; de manera que cuando me oyeron se enojaron, pero siguieron sonriendo con su cínica, apretada, sonrisa.

Repentinamente mi hermano se puso furioso, y gritó:

“¡Fuera de aquí, todos ustedes! ¿Cual es la gracia de observar a un loco?”

Entonces comprendí parte de su astucia. Ellos nunca desearían cambiar su forma de ser, y sus planes eran claros, me habían estigmatizado como loco. En el fututo cuando yo fuera comido, no sólo no tendrían problemas, sino que la gente probablemente les agradecería. Cuando nuestro arrendatario hablara de los aldeanos comiendo a un mal personaje, sería exactamente lo mismo. Esa es su vieja treta.

El viejo Chen entró también, con gran irritación, pero ellos no pudieron callarme, yo tenía que hablarle a esa gente:

“!Ustedes deben cambiar, cambiar desde el fondo de sus corazones!” Dije. “Ustedes deben saber que en el futuro no habrá sitio en el mundo para los comedores de hombres.

“Si no cambian, pueden todos ser comidos unos a otros. A pesar de que nacen tantos, serán eliminados por los hombres verdaderos, como lobos muertos por cazadores. ¡Como reptiles!”

El viejo Chen condujo a todos hacia afuera. Mi hermano había desaparecido. El viejo Chen me aconsejó volver a mi cuarto. El cuarto estaba muy oscuro. Las vigas y el cielorraso vibraban sobre mi cabeza. Luego de temblar algún tiempo se agrandaron. Se amontonaron sobre mi.

El peso era tan grande que no podía moverme. Esto significaba que yo moriría. Yo sabía que el peso era falso, de manera que luché, cubierto de transpiración. Tenía que decir:

“¡Ustedes deben cambiar de una vez, cambiar desde el fondo de sus corazones! Ustedes deben saber que en el futuro no habrá sitio en el mundo para los comedores de hombres...”

XI
El sol no brilla, la puerta no se abre, todos los días dos comidas.

Tomo mis palillos para comer, pienso en mi hermano mayor; ahora sé cómo murió mi pequeña hermana: fue por culpa de él. Mi hermana tenía sólo cinco años en ese momento. Todavía puedo recordar cuán adorable y patética se veía. Mamá lloraba y lloraba, pero él le pidió que no llorara, probablemente porque la había comido él mismo, y de esa forma su llanto lo hacía sentir avergonzado. Si tenía algún sentido de la vergüenza...

Mi hermana fue comida por mi hermano, pero no sé si mamá lo comprendió o no.

Pienso que mamá debe haberlo sabido, pero cuando lloraba no lo decía, probablemente porque no lo consideraba apropiado. Recuerdo cuando yo tenía cuatro o cinco años de edad, sentado en el fresco de la sala, mi hermano me dijo que si los padres de un hombre están enfermos, él debe cortar un pedazo de su carne y cocinarla por ellos si quería ser considerado un buen hijo; y mamá no lo contradijo. Si un pedazo puede ser comido, obviamente puede serlo la totalidad. Y por lo tanto sólo pensar en la pena de entonces todavía hace sangrar a mi corazón; ¡eso es lo extraordinario de esta cuestión!



XII
No soporto pensar en ello.

Solamente he comprendido que he estado viviendo todos estos años en un sitio donde por miles de años han estado comiendo carne humana. Mi hermano ha tomado a su cargo la casa cuando nuestra hermana murió, y él bien puede haber utilizado su carne en nuestro arroz y salsas, haciéndonos comerla inintencionadamente.

Es posible que yo comiera varios trozos de la carne de mi hermana inintencionadamente, y ahora es mi turno...

¿Cómo puedo un hombre como yo, luego de cuatro mil años de historia humana –aunque al principio no haya sabido nada acerca de esto- esperar enfrentarme con un hombre real?





XIII
¿Quizá hay todavía niños que no han comido hombres? ¡Salven a los niños!

Traducción: Luis César Bou

No hay comentarios: